4 de octubre de 2017

Esto también pasará

Un antiguo cuento Sufí  nos trae una profunda enseñanza  en la búsqueda de la felicidad y la calma…

Existió un rey de un gran reino que convocó a los sabios de su corte para pedirles que pensaran en un consejo que le ayudara en los momentos difíciles a tomar decisiones. El reto era mayúsculo ya que el rey quería que el consejo le fuera útil en todas las situaciones y que le ayudara a ser un rey más justo, más sabio y más feliz.

Todos los consejeros del reino se dispusieron a crear la frase más extraordinaria, pero cuando el rey las escuchaba las rechazaba todas. El rey estaba impaciente. Había ordenado a los mejores orfebres que le hicieran un anillo precioso que llevaría siempre y en el que inscribiría aquel sabio consejo que no llegaba.

El tiempo pasó y los años de paz con éste. Los enemigos habían entrado en el reino y el consejo de sabios no se ponía de acuerdo sobre qué decisión tomar.  El rey se retiró a sus aposentos para pensar. Se sentía perdido. Uno de sus sirvientes se le acercó y le entregó un papel. “Majestad” – le dijo. “En este papel he escrito una frase que quizá le ayudará”. Los enemigos habían llegado a las puertas del palacio y no había tiempo que perder. El rey metió el papel en uno de sus bolsillos y escapó  con parte de su guardia. Emprendieron raudos la huida y cabalgaron durante horas, sin embargo los enemigos estaban cada vez más cerca y el camino tomado llegaba sólo hasta un claro del bosque. “¿Qué haremos?” –se preguntaba desesperado. En esto, recordó el papel. Metió su mano en el bolsillo se apresuró a desdoblarlo y leyó: “ESTO TAMBIÉN PASARA”. El rey estaba desconcertado pero poco a poco fue sintiéndose confiado y en calma recordando otras huidas y otras victorias. Así fue. Los enemigos confundieron el camino y el rey y su guardia pronto estuvieron a salvo en el palacio. A su regreso descubrió con alegría que su ejercicito había defendido con éxito el reino.

La felicidad del rey fue muy grande. Ordenó festejar la victoria y las celebraciones se alargaron durante días. El rey quiso agradecer y compartir la alegría con su sirviente al que mando llamar. “Gracias. Soy enormemente feliz”- Le dijo enseñándole la inscripción del anillo. “Majestad”- le dijo el sirviente. “Lea de nuevo lo que hay escrito”. El rey leyó en voz alta: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”. Entonces, y sólo entonces, el rey comprendió la profundidad de aquellas palabras y sintió la misma confianza y la misma calma que días atrás en aquel claro del bosque.

Las experiencias de nuestra vida son transitorias

Las experiencias de nuestra vida, positivas y negativas, todas son transitorias. Tomar  consciencia de lo efímero de las cosas nos aporta la deseada confianza y paz interior que acompaña la felicidad.

En su libro “La Autentica Felicidad”,  Martin Seligman, padre de la Psicología Positiva, describe la transitoriedad como una de las claves para ser feliz.  A través de sus investigaciones nos revela que las atribuciones de permanencia  del tipo siempre/nunca nos provoca infelicidad cuando las vinculamos a acontecimientos negativos. Cuando nos decimos “Me arrastra la corriente” o “El jefe es un cabrón” nos produce indefensión ya que no sólo las malas situaciones son permanentes en el tiempo, sino que además, las opciones de cambio dependen de otros, es decir, siempre será así y no podemos hacer nada.

Sin embargo, las personas felices ante la misma situación realizan atribuciones transitorias del tipo “Estoy agotada” o “El jefe está de mal  humor”,  lo que permite un gran espacio para el cambio de la situación negativa a una positiva.

La transitoriedad nos aporta amplitud de miras, visión de conjunto de los acontecimientos puntuales dentro de un todo.  Esta visión transitoria se puede practicar. Para ello es necesario dar tres pasos: Sentir, Parar, Pensar. Una secuencia ordenada que va a permitirnos vivir la intensidad del momento y separarnos para alcanzar esa visión de conjunto.

Sentir – Parar – Pensar

La transitoriedad de las experiencias vitales es una realidad a la que accedemos cuando hacemos compatible la vivencia de nuestras emociones con la reflexiva visión de conjunto.  Para ello debemos sentir, parar, pensar:

  1. Sentir la emoción que acompaña a la situación porque existe para mí y porque me afecta.
  2. Parar para dejarle un espacio a la emoción suficiente pero con límite.
  3. Pensar, ser consciente de que la situación y mis emociones son temporales y pasarán

¿Se puede practicar para tener una visión transitoria?

Aunque la intensidad emocional de las situaciones difíciles ocupará habitualmente el primer momento, nuestras reflexiones posteriores son las que nos traen el sufrimiento o la calma

La práctica de las siguientes tres pautas pueden ayudarnos a desarrollar esta visión temporal.

  • Cuestionar las generalizaciones

¿Siempre?, ¿Todo?.  Las generalizaciones funcionan como un piloto automático y nos aportan rapidez en el etiquetado de información, pero también configuran las creencias bajo las que actuamos. Cuestiónate tus generalizaciones pesimistas “Nunca lo hago bien”

  • Evitar las polarizaciones

“Esto es lo peor que me podría haber pasado”. Este tipo de afirmaciones extremistas aparte de demostrarse falsas en el tiempo nos llevan a un sufrimiento auto-provocado. Conviene relativizarlas dentro del conjunto de todos los hechos pasado y dejar un espacio para los hechos  que estén por venir

  • Limitar el uso del “ser”

Las conversaciones internas y los diálogos externos en los que utilizamos el verbo ser “Soy malo recordando caras”, “Eres un irresponsable” dotan de una permanencia a las acciones difícil de cambiar. Es aconsejable utilizar fórmulas que acoten las situaciones “No recuerdo su cara”, “No has cumplido lo acordado” o bien proactivas “Voy a buscar una técnica para acordarme mejor de las caras”, ¿Qué vas a hacer para solucionarlo?”

Con la práctica se hará el hábito y con el hábito el cambio.

 

ESTO TAMBIÉN PASARÁ es la vivencia de los acontecimientos  como transitorios, como circunscritos en el aquí y el ahora de un continuo de muchas otras vivencias. Es nuestra decisión llevar o no la inscripción del anillo del rey a nuestro interior.