Estamos en un taller de comunicación. Llevo años trabajando con este equipo de líderes y me siento cercana a su realidad, a sus vivencias y a sus historias, pero hoy mi cabeza da vueltas como una peonza, y todo por un comentario de un participante que ha sacado en el resto una sonrisa a la vez sorprendida y cómplice. Hablan de alguien que no está presente, un jefe compartido por varios de los presentes y que ha sido foco de un juicio que ha sonado tajante, meditado y conclusivo. A mí me incomoda en cierta manera que se hable de una persona no presente, que es además mi cliente directo y quien me preguntará, como en otras ocasiones, por los progresos…, pero siento que lo que realmente me inquieta es que haya algo de cierto en el juicio.

“Mi jefe es un psicópata” ha sido el comentario. Me pregunto si es posible. ¿Puede una persona que carece totalmente de empatía ejercer un puesto de dirección en una empresa?. Pienso que debe tener unas envidiables cualidades en otros aspectos más cognitivos o de orientación a la acción aun así…

Lo comento con una compañera, psicoterapeuta, para aclarar algunas ideas y ahora ordeno en mi cabeza las piezas de este confuso puzzle.
Todos nos encontramos dentro de una campana de Gauss de empatía, desde personas que tienen una baja empatía a personas que tienen una altísima empatía. En el límite inferior se encuentran las personas con cero empatía que corresponden con los Trastornos de Personalidad Psicopático (Antisocial), Límite o Narcisista caracterizados por la ausencia de frenos en la conducta a la hora de perseguir los propios deseos sin tener en cuenta el impacto en otras personas.

Simon Baron-Cohen, estudioso de la crueldad humana y experto en empatía cuenta como paseando por un mercado de Nairobi hace unos años presenció cómo un hombre cortó a una mujer el dedo anular de la mano para llevarse junto al dedo el anillo. Es probable que este hombre que no dudó ni un instante fuera un psicópata y que en su mente hubiera objetivado a la persona como un objeto.

Se calcula que existe un uno por ciento de psicópatas en el mundo, y no son necesariamente asesinos en serie o delincuentes, sino que la mayoría de las veces están bien integrados en la sociedad. Es más, entre los líderes empresariales el porcentaje de psicópatas sube hasta el 4%. Por tanto, parece que un líder bien puede ser psicópata. Está dentro de lo probable y hasta algunas de las características de la psicopatía pueden incluso haberle ayudado a alcanzar un puesto de responsabilidad o poder.

Los psicópatas tienen un sentido desmesurado de la autovalía, seguridad en sí mismos y ambición por el poder.

La ausencia de empatía les permite cosificar a las personas de su entorno, de manera que son un medio para obtener un fin por lo que suelen estar interesadamente relacionados y tener una agenda de valiosos contactos que no dudan en utilizar a menester sin vergüenza ni culpa ya que no necesita la aprobación de los demás.

Son aparentemente hábiles comunicadores, manipuladores en realidad que utilizan el engaño para obtener resultados sin sentir culpa por las consecuencias sobre otros.

Se manejan muy bien en situaciones de presión en la organización porque son inmunes al estrés.

Son impulsivos y están dispuestos a correr riesgos sin ningún miedo a las consecuencias.
En resumen, los psicópatas carecen de una de las cualidades más importantes de un liderazgo fuerte y eficaz: la empatía; sin embargo son seguros, ambiciosos, hábiles comunicadores, dispuestos a correr riesgos e inmunes al estrés, lo que les aporta un perfil muy útil para llegar a la cima de los negocios o los puestos de liderazgo.
Lástima que en este caso estás bienaventuradas cualidades no tengan el peso que aparentan. De ser así no hubiéramos sentido esta mañana ese frío helador que causa la tristeza, frustración y enojo de los que hemos entendido lo de “mi jefe es un psicópata” haciéndonos eco de los sentimientos de la persona que nos lo decía. Y de este malestar reflejo nos podemos alegrar los presentes porque es una buena muestra de nuestra empatía.