¿Te has sentido alguna vez agotado tras un encuentro con un amigo, compañero, cliente…?

Con frecuencia sentimos el desgaste emocional o incluso físico que nos provocan ciertas personas a nuestro alrededor. Se trata de “vampiros energéticos” que tienen la habilidad de agotar a distancia nuestra energía en todas sus formas.

Esta habilidad reside en la práctica continua de un pensamiento y emociones negativas. Estas emociones se contagian a las personas de su entorno con la misma rapidez que lo haría el virus de la gripe. Lamentablemente, el contagio es veloz, automático e inconsciente y su vía de transmisión es a través de la comunicación no verbal, a la que somos tan sensibles que esto nos hace especialmente vulnerables.

La culpa la tienen nuestras “neuronas espejo” que están programadas para que imitemos a los demás y así no sentirnos fuera de la manada. De esta forma, el grupo nos da la protección necesaria y multiplica nuestras posibilidades de supervivencia.

Tal y como demostraron Meltzoff y Moore en una serie de experimentos realizados en la década de los setenta, los bebes recién nacidos están programados para imitar expresiones faciales. La imitación de otros es algo innato y, por tanto, es difícil huir de su influjo.

En este mismo sentido, diversos estudios han demostrado que quienes comparten espacios de relación social, familiar, laboral… acaban compartiendo también estados de ánimo. En esta convivencia camuflada reside el arma esencial del vampiro para poder succionar la energía las personas de su círculo más cercano.

Los vampiros energéticos no salen por la noche como en la leyenda. Son aparentemente normales, pudiendo aparecer con la máscara del jefe, pareja, amigo… o en cualquier otro rol. Todos tienen algo en común: allí donde van llevan un mensaje agotadoramente negativo.

Actúan de manera inconsciente succionando el optimismo, la autoestima y seguridad de las personas que se cruzan en su camino. Sin que influya la frecuencia en el trato ni la duración de los encuentros, las victimas siempre se sentirán emocionalmente cansadas tras la interacción.

Para prevenirnos sólo podemos estar bien atentos a sus mensajes: juicios apresurados, críticas mordaces, manipulaciones disfrazadas… Parecen estar diciéndonos:“Bebe de mí y vivirás para siempre” (Entrevista con el vampiro). Tal es el deseo inadvertido de los vampiros: aumentar su grupo para sentirse fuertes con su propia manada.

Una vez identificado el vampiro, aun mejor que la estaca y el ajo, para luchar contra él, convendrá exponerle a la luz de vuestro optimismo, juicio medido e ilusión. De esta manera lograreis contrarrestar el efecto de su influjo, o incluso, vencerle por contagio de vuestra propia energía positiva.

“La gente olvida lo que dices, la gente olvida lo que haces, pero nunca olvida cómo le haces sentir”
Maya Angelou